Abrir durante ese mal momento

Si has empezado a leer estas palabras es porque estás pasando por un mal momento. No te preocupes, para eso escribo ahora. Ahora que no es un mal momento, ahora que aún sabes qué es la esperanza y la alegría. Ahora que es un buen momento.

De malos momentos tenemos unos cuantos cofres repletos. Aunque no se comparan a las despensas llenas de buenos momentos. Recuérdalo.

Sé que en este momento no te crees ni una sola palabra de lo que estás leyendo. Que crees que no tengo ni idea de lo que estás sintiendo, que nadie lo sabe. Probablemente sea así. No sé por lo que estás pasando pero ya lo hemos pasado antes. Sientes que cada día el aire a tu alrededor pesa más, que levantarse de la cama ya es un esfuerzo descomunal y que quizás la solución sea seguir, seguir, seguir… Pero nunca parece acabar ese seguir infinito. La desazón te llena porque no sabes y la ansiedad te consume cada vez que cierras los ojos para dormir porque tampoco sabes cómo. Cómo se sale de un agujero que no tiene sentido que esté ahí.

¿Por qué está ahí? ¿Por qué tú? ¿Dónde está el problema? ¿Por qué siempre igual?



No tienes la respuesta. Y créeme, nunca la vamos a tener. No la vamos a conseguir porque realmente no importan los porqués, la cuestión es que está ocurriendo y sé, porque te conozco, que es mucho más fácil apartar la vista y esperar que pase la tormenta. Pero también sabemos que no es la solución.

Te escribo estas palabras porque ahora no existen esas dudas. En este preciso instante, te sientes satisfecha. No existe esa sombra gris llenándote de incertidumbre ni esa desazón gigantesca que te llena de insatisfacción. En este momento, tienes el control.

Así que sí, te escribo para recordarte que eres más de lo que probablemente te sientes mientras lees estas palabras. Que tus defectos no te convierten en un monstruo. Te convierten en ti. Que tus virtudes, que las conocemos, te han llevado lejos. Que hay persona que pelearan con uñas y dientes hasta verte sonreír de nuevo. Y que tú les haces sonreír.

En este momento, no es tu mente quien gana la partida, eres tú. Así que respira hondo y recuerda: esto solo es un mal momento.

Solo es eso, un mal momento. Uno que, como los demás, también pasará.

Atentamente

 Ese buen momento.

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