Que los demás no sostengan tu lápiz.

¿Cuántas veces has dejado que la opinión de los demás influya en tus acciones?


Para mí ha ocurrido muchas más veces de las que me gustaría admitir. Y no es porque no me hayan dicho, incontables veces, que no debo dejar que me afecte. Que lo han hecho. Varias personas además. Pero creo que dejar de darle importancia a «los demás», es algo que llega con la edad.


Supongo que porque ayer fuese mi cumpleaños que me he puesto a discernir éste tema hoy. Simplemente, llevaba tiempo con ello en la cabeza. Ha habido varias cosas que me hacían mucha ilusión pero por miedo a que «no fueran conmigo», decidí no hacerlas. ¿Sabéis que me ha traído esa forma de pensar en 24 años? Algo de arrepentimiento. Y me considero muy joven para tener ya de eso.


No quiero hacer un discurso sobre cómo la opinión de «los demás» es irrelevante. Porque no siempre lo es. De la misma forma que «los demás», no engloba al mismo número de personas para unos que para otros. Cuando era adolescente, «los demás» incluía a mis compañeros de instituto y profesores. En cambio ahora, incluye a un grupo selecto de gente que he decidido (o han decidido) que valen la pena. Sinceramente, no creo que esté mal que te importe lo que «los demás» opinan. Siempre y cuando esos demás sean gente que te quiere a quien le importas tú.


Sin embargo, admito que dejar que otras personas escriban tu historia por tí, es un gran error. Y, al que más o al que menos, nos ocurre. Todos tenemos capítulos de nuestra vida escritos por otros. Prólogos que no sabemos muy bien cómo interpretar y que dicen poco de nosotros mismos. La clave está en admitirlo, cambiarlo y avanzar. No tienes porque hacer grandes cambios. A veces, nos vemos afectados por las pequeñas cosas que dejamos pasar más que por lo que consideramos «cambios existenciales».


Así que, la próxima vez que pienses que apuntarte a clases de salsa, aprender a cocinar o escalar una montaña es una buena idea; no dejes que la opinión de los demás te frene. Porque al final del día, a lo único a lo que debes rendir cuentas, es a tu propia felicidad. 

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