La chica del tren.


"Y ha seguido días y días, loca, frenética, en el enorme tren vacío, donde no va nadie, que no conduce nadie."



Hijos de la ira, dámaso alonso


 

Allí sentada, viendo la vida pasar como fotogramas acelerados de una película. Una taza de café humeante, un cuaderno negro abierto y un boceto a medio terminar.


No recordaba en qué momento subió a ese tren. De hecho, si cerraba los ojos e intentaba recordar, no conseguía volver a un momento anterior al tren. Sin embargo, sí recordaba cuando la señora M, pequeñita y regordeta detrás la barra de la cafetería, le enseñó a cocinar pastelillos o cuando el señor A, alto y con porte pero siempre dulce y protector, jugaba con ella y sus muñecas. También podía recordar cuando el señor S, con su afable sonrisa y sus manos largas, finas y llenas de arrugas, le enseñó a escribir su nombre. Despacito, despacito y respetando los espacios...


Había más gente en aquel tren, si miraba a su alrededor siempre había alguien. Algunas personas llevaban allí desde antes de lo que su memoria alcanzaba a recordar. Otras llegaron, dejaron un desastre en la mesa de al lado o molestaron con su cháchara incesante y un par de estaciones más tarde bajaron. Y así dejaron de existir en el tren.
También podía recordar el dolor en su pecho cuando el señor A tuvo que bajarse o cuando un tiempo después el señor S le avisó que bajaría en breves. La señora M lo siguió un par de meses después, alegando que la estaría esperando en la estación. Su Reina, le gustaba llamarla.
Fue un dolor distinto al que sintió cuando la señorita F, después de pasar grandes tardes mirando por la ventana con ella y charlando sobre todo y nada, decidió repentinamente no querer mirar más y después de palabras hirientes, se bajó en la siguiente estación sin mirar atrás.


Ni siquiera podía decir cual era el destino de su tren. No lo sabía. Ella, en ocasiones tan calmada y en ocasiones tempestad, procuraba no pensar en cuál sería el destino. Evitar la ansiedad, evitar el miedo.


Y así, estación tras estación, como fotogramas acelerados de una película, su vida iba pasando. Y ella, dueña de su destino sin saberlo, iba mirando, iba dibujando las personas a su alrededor, iba observando por su ventana mientras su café, siempre estaba humeante.


R.C.P

Comentarios

  1. Adoro los relatos cortos. Y adoro ESTE tipo de relatos cortos así que espero más~ (nota: el título homónimo al de un libro/peli me resulta curioso xD)

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  2. […] P.D: Si os ha gustado éste relato corto, aquí hay más. […]

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