Demasiado tarde: no, si te hace feliz.

¿Cuántas veces has pensado es demasiado tarde para hacer X?


Probablemente muchísimas más de las que te gustaría admitir. Igual que el resto del planeta, todos tenemos momentos en los que nos preguntamos qué sería de nuestra vida si hubiésemos tomado un camino distinto. La creencia general es la que por mucho que pensemos en ello, ya no hay marcha atrás. Yo no estoy del todo de acuerdo con esta afirmación. No siempre es demasiado tarde.


Está claro que, por el momento y sin una Tardis disponible, nadie puede volver al pasado. Pero no todos los actos son irremediables ni todas las decisiones son irreversibles. Hay cosas que no es demasiado tarde para poder remediar. 


Cuando era más joven y pensaba que sabía todo lo que había que saber de la vida, siempre creía que tenía que ser firme en mis decisiones. Que rectificar no era de sabios sino de cobardes (5 años y varias hostias por el camino más tarde, aquí estoy).


Siempre me ha gustado la música pero en un momento concreto decidí que no era lo mío. Me costaba más de lo que yo quería. Así que lo dejé y me dediqué a cosas que se me daban bien, como los idiomas. Siempre quise aprender a bailar pero tampoco parecía lo mío así que desistí. En aquel tiempo me justifiqué diciéndome a mí misma que debía centrarme en cosas realmente importantes, aprender para mi futuro.



En ese momento no pensé que en mi futuro también quería ser feliz.


Me dediqué a estudiar y a aprender todo aquello que podría suponerme una ventaja para encontrar trabajo. Para ser la mejor en lo que quiero hacer y para crecer profesionalmente. Mientras esto ocurría, la parte de mí que más me gusta, aquella que sigue teniendo a la niña de siempre dentro, se fue haciendo pequeña. Muchas veces me encontraba frustrada porque estaba haciendo lo que debía pero no lo que quería. Y este año por fin, decidí ponerle remedio.


Jamás he tenido ritmo y mi sentido de la coordinación no es lo más destacable en mí. Si hay una superficie con la que tropezar siempre me lanzo de cabeza. Sin embargo, este año me he comprado un Ukelele. Cada día aprendo un poco más ¡ya sé tocar una canción de cuna! También decidí apuntarme a clases de baile, Urban Street Style. ¡Si lo haces, hazlo a lo grande!


Mi coordinación y mi ritmo siguen sin ser los mejores, la verdad. Pero he aprendido una cosa fundamental de todo esto: jamás seré Michael Jackson o Mozart. Tampoco necesito serlo. Bailar o intentarlo y conseguir completar una canción después de horas o hacer sonar los acordes como se debe hacer pese a los callos en los dedos son cosas que me hacen feliz. Y eso, ya es mucho.


No seré Michael Jackson o Mozart pero soy yo y soy feliz. 

Comentarios

  1. […] mí ha ocurrido muchas más veces de las que me gustaría admitir. Y no es porque no me hayan dicho, incontables […]

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